En este capítulo hablamos del viaje de ir y/o volver al país de origen, de los mensajes de odio y de esa sensación de estar constantemente en el centro de discursos que nos señalan. Nos salimos de la red y del ruido de las redes sociales para hablar, con añoranza, del verano: de las vacaciones de nuestra infancia y de cómo, en la adultez, parece quedar reducido a apenas 15 días. Frente al ruido y al odio, reivindicamos el verano como algo nuestro, del populacho: el centro de las festividades, las ferias, las romerías, los reencuentros y las reuniones familiares; un espacio donde volver a sentirnos en casa.
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