Los ritmos de la maleza son impredecibles. Su crecimiento irregular es la afirmación de un deseo otro, con muchos nombres. Su resiliencia también. Las malezas se hacen fuertes al estar y crecer juntas. Aunque están por todas partes, a menudo pasan desapercibidas. Son humildes, prefieren la cercanía del suelo que las promesas de las alturas. Al igual que la maleza, los ritmos también contienen secretos de resistencia. Esquivan las líneas rectas, los principios y los finales. Van y vienen, uniéndose a tantas historias de migración y contradiciendo la creencia de un único origen. Entre malezas es un itinerario polirritmo en la música hecho de mixes y conversaciones que se mueven en varias direcciones a la vez para hacer sentido en la maraña. El deseo de partida es el de una escucha que, como malezas y ritmos, acerque lo que aparentemente está lejos. Un programa comisariado por Sonia Fernández-Pan enmarcado en el proyecto transnacional TMLAB.
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Episodios
Creado con voces de mujeres, memoria y ritmos orgánicos en crudo, este mix oscila entre grabaciones de campo, texturas rituales y fragmentos de hogar. La segunda parte es una composición improvisada en vivo que utiliza grabaciones de archivo del folclore de mujeres palestinas, desplegándose como una memoria colectiva transportada por el sonido.
La palabra "maleza" me lleva a las huertas de mis abuelos y mis padres. Siempre cerca del mar Mediterraneo, el cual es para mi una fuente inagotable de inspiracion.
Mar que me duele por haberse convertido en uno de los mayores cementerios debido a decisiones politicas antihumanas, y que me duele por la propia contradiccion que esas politicas son al alma de hermandad que recorre las orillas de todo el Mediterraneo.
Inshallah pronto vuelva a convertirse en el puente de culturas y conocimiento que le corresponde ser.
Abolicion del estado genocida de Israel ya!
Las malezas son geniales… verlas crecer a través de las paredes y las grietas de las aceras me hace sonreír. Esta mezcla transmite la naturaleza cambiante, los meandros y la resiliencia de las malezas… «cualquier planta que crezca donde no es bienvenida»… o eso es lo que dice nuestra especie…
Son un símbolo vital de la naturaleza y de su (acertada) negativa a someterse a nuestra especie (no se puede confiar en nosotros). Nuestra especie es superdepredadora y, en algún momento, la selección natural nos contendrá o nos eliminará. Y las malezas seguirán con lo suyo como parte de una ecología más grande que jamás podremos comprender-
Para esta primera conversación de Entre Malezas invité a Maya Saravia, por tantas reflexiones compartidas sobre representación y visibilidad. También por su capacidad para desbordar los recipientes, como hacen las mejores canciones. El motivo inicial de la conversación se extravió en el momento de empezarla. Recuerdo una tímida intención de hablar del reguetón y de cómo no todas las músicas significan lo mismo en cualquier lugar o momento. Mantenerse “sólo” en la música (o en el arte) es parte de convenciones que, con la excusa de poner la atención en algo, evitan o ignoran otras cosas. Además, hablar en línea recta es algo que tanto a Maya como a mí nos cuesta bastante, rindiendo homenaje a las malezas en la forma y no sólo en los contenidos. Entre ellos, está un verso de Luis de León que da título a esta conversación y con el que Maya empieza nuestro intercambio. Nos acompañan deseos de opacidad, las ambigüedades de la visibilidad, Burial, el camuflaje, tecnologías militares, Tiqqun, los flujos que queremos alimentar y los que no, los fantasmas, el optimismo cruel, Simon Weil, coreografías y coreopolicías, el amor… y Palestina.
¿Cómo podríamos conocer lo desconocido al movernos hacia atrás? En los últimos meses, tras viajes por Oceanía, el Sudeste Asiático y, en sentido inverso, entre Berlín y Nairobi, empecé a notar patrones de reversión como una forma de percibir aquello que está por venir. Caminos desandados y paseos repetidos al revés, como acudiendo a encuentros futuros gracias a movimientos pasados. Estos acontecimientos se fueron convirtiendo en ideas para que las cosas sucedan sin control y con lentitud: una desaceleración intencionada para oír y sentir. La reversión no es una retirada aquí, sino una forma de anticipación. Es una orientación hacia delante al dar un paso atrás. Reverse Mix surge de estas lentas reversiones a través de diferentes geografías y temporalidades, donde lugares vividos anteriormente vuelven a aparece gracias el sonido. En este mix, lo inverso no es algo literal del movimiento, sino su continuación. Es una manera alternativa de avanzar, configurada por la memoria.
El sonido es un lugar. Compone un lugar y éste compone el sonido. Aunque exista en el espacio- tiempo, un lugar puede ser estático. Se rige por las lógicas espacio temporales, sí, pero también por la urgencia de quien lo transita. Si lo miras con los ojos adecuados, puedes conseguir que ese espacio no llegue a ningún sitio; que no exista la expectativa. Que no exista durante una hora. Y ojalá esto sucediese con otras horas y con otros lugares.
Las tres de la tarde en el desfiladero de los Arrudos existieron sin mutar. Estábamos juntas y quizás para ella no fue importante, pero a mí se me quedó grabada para siempre, como tantas otras y tan pocas a la vez. Este mix quiere llegar y nunca irse. Por eso los trenes siempre llegan; por eso el mar Cantábrico emborrona los ciclos y series. Algunas explotan los colores de Asturias. Yo intento abrazarlos. Mientras, el tiempo no pasa por ellos. Incluso si al día siguiente el otoño los ha expuesto; incluso si a la semana siguiente la primavera los ha vestido.
Este set nace desde un lugar que no es lugar: un espacio de transición, de movimiento, pero donde todo eso que tiembla en mí encuentra un sitio para existir.
En este momento de mi vida, este conjunto de sonidos es la forma más honesta que tengo de contar cómo me siento: en los bajos que se repiten, en los silencios, en las texturas.
Es un set que respira en ciclos, que se expande y repliega. A veces el sonido es líquido, con texturas que apenas sostienen una forma y otras que intensifican el pulso. Entre esos extremos hay una tensión entre control y abandono; entre lo que se puede organizar y lo que simplemente ocurre.
Este set no busca claridad, sino presencia. Un intento de dejar que el sonido me piense y me desordene. Dejar que me revele lo que tiembla en mí. La maleza crece sin permiso, fuera de toda regla, y su vibración desordena lo que parece fijo. Así también este set, irrumpe entre lo ordenado, incluso en los espacios más silenciosos.
Todo lo que tiembla es como la vida; irregular, persistente y desbordada.
Si pudiera navegar con un barquito por el espectro sonoro que mueve mi alma, creo que el viaje sería algo parecido a esto. Os llevaría a la playa virgen de arena blanca donde escuché a un hombre griego tocar el sitar. A veces tendríamos que echar el ancla al mar y atravesar lugares rocosos y oscuros buceando. Pasaríamos un poquito de miedo, pero hambre seguro que no. Compartiríamos el pan, el vino y la sal, con paradas técnicas para admirar las estrellas. Otras veces nos quedaríamos atrapadas en una tormenta, hasta alcanzar los acantilados. Escucharíamos a nuestras primas las sirenas cantar. Estoy segura de que merecería la pena, porque en esos lugares donde ellas viven, crecen plantas salvajes que guardan sabiduría muy antigua. Y, en las noches en que se baila… se baila para la luna.
